20.5 C
Brasília
sexta-feira, 23 fevereiro, 2024

A paz é a condição normal do homem

Por Jorge Lezcano*

“La paz es condición normal del hombre”[1], este pensamiento de José Martí, expresado en 1889, título del presente trabajo, forma parte de la educación sobre la cultura de paz que hoy posee el pueblo cubano, cultivada desde el inicio de sus luchas por la soberanía, libertad e independencia del país.

Continuador del pensamiento martiano es Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana, para quien la paz debe ser para todos, para disfrutarla con derecho y con libertad y como requisito indispensable para el desarrollo de los pueblos.

Fundamentado en el legado pacifista de José Martí y de Fidel Castro, el pueblo cubano decidió, al aprobar mayoritariamente la Constitución de la República, en Referendo Popular, mediante el voto directo y secreto, el 24 de febrero de 2019, dar sustento jurídico a la política de defensa de la paz del Estado cubano; tal y como se establece en el Artículo 16, que regula entre otros de los principios esenciales de las relaciones internacionales de Cuba que:

  1. b) ratifica su aspiración de paz digna, verdadera y válida para todos los Estados, asentada en el respeto a la independencia y soberanía de los pueblos y su derecho a la libre determinación, expresado en la libertad de elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para la convivencia pacífica entre las naciones.
  2. k) promueve el desarme general y completo y rechaza la existencia, proliferación o uso de armas nucleares, de exterminio en masa u otras de efectos similares, así como el desarrollo y empleo de nuevas armas y de nuevas formas de hacer la guerra, como la ciberguerra, que trasgreden el Derecho Internacional.
  3. l) repudia y condena el terrorismo en cualquiera de sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado.
  4. o) promueve el multilateralismo y la multipolaridad en las relaciones internacionales, como alternativas a la dominación y al hegemonismo político, financiero y militar o cualquier otra manifestación que amenacen la paz, la independencia y la soberanía de los pueblos.

Consecuente con la Constitución de la República y con la voluntad del pueblo cubano, el Movimiento Cubano por la Paz, desde su fundación, ha luchado, junto a las organizaciones homologas en todo el mundo, por hacer posible el imperio de la  paz para todos los ciudadanos y naciones de nuestro planeta.

Por esa razón los cubanos asumimos como fecha propia la del 21 de septiembre, Día Mundial de la Paz, en la que renovamos nuestros compromisos de luchar incansablemente para que toda la humanidad pueda vivir en paz, felicidad, libertad, equidad, e igualdad.

Lamentablemente, transcurrido 28 años de aprobada tan feliz iniciativa, la situación de la paz en el mundo, en lugar de mejorar ha empeorado sustancialmente.

Desde 1982, millones de ciudadanos de todo el planeta han sufrido en carne propia las terribles consecuencias de las guerras que contra sus países han emprendido ilegalmente gobernantes egoístas, insensibles al sufrimiento humano, despojados de toda ética y valores morales, los que, para sus fines hegemónicos, se colocan servilmente al servicio de poderosas oligarquías dueñas de grandes transnacionales que solo buscan enriquecerse cada día más.

Es en este contexto, en que la lucha por la paz se desarrolla bajo adversas condiciones que provocan guerras en varias zonas del mundo, que se produce  el doloroso acontecimiento del derribo de la Torres Gemelas de New York, criminal atentado que estremeció  la conciencia mundial.

En su equivocada y mal intencionada estrategia para combatir el terrorismo, el gobierno de Estados Unidos, en voz de su presidente George W Bush, en discurso pronunciado el 20 de septiembre de 2001 declaró:

“Vamos a utilizar cualquier arma de guerra que sea necesaria”.

“El país no debe esperar una sola batalla, sino una campaña prolongada, una campaña sin paralelo en nuestra historia.”

“Les he pedido  a la Fuerzas Armadas que estén alerta, y hay una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción, y ustedes nos van a hacer sentir orgullosos.”[2]

En el año 2002, al cumplirse el aniversario 200 de la Academia Militar de West Point, el presidente de Estados Unidos afirmó:

“En el mundo en el que hemos entrado, la única vía para la seguridad es la vía de la acción. Y esta nación actuará”

“Nuestra seguridad requerirá que transformemos a la fuerza militar que ustedes dirigirán en una fuerza militar que debe estar lista para atacar inmediatamente en cualquier oscuro rincón del mundo, “(…) que estemos listos para el ataque preventivo cuando sea necesario defender nuestra libertad y defender nuestras vidas”.

“Debemos descubrir células terroristas en 60 o más países”. “(…) Enviaremos diplomáticos a donde sea necesario, y los enviaremos a ustedes, a nuestros soldados, donde ustedes sean necesarios”[3]

Fatalmente el presidente estadounidense, cumplió fielmente sus amenazas, política que continuaron los mandatarios que le sucedieron.

Países como Irak, Afganistán, Libia, Siria fueron invadidos, destruidos, saqueados y millones de sus ciudadanos fueron muertos, heridos y desplazados de sus territorios. Varios países de África continúan sufriendo las consecuencias de las guerras y el saqueo de sus riquezas, el pueblo palestino sigue sin hogar propio y sus hijos bajo la metralla del Ejercito Israelí. La violencia policial, en los propios Estados Unidos cobra nuevas vidas cada día, particularmente de jóvenes negros. En Colombia hay un gran retroceso de los Acuerdos de Paz firmados en la Habana y son eliminados diariamente líderes sociales, campesinos y exguerrilleros. Los golpes de Estado de diferentes variantes y colores se llevan a cabo en América Latina, y el terrorismo se hizo presente también en países europeos.

Como parte de su política de mantener a la humanidad en constante peligro de guerra “Estados Unidos tiene cerca 800 bases militares a lo largo del mundo, de ellas más de 76 en América Latina, incluyendo la que mantienen ilegalmente en Cuba. Y mucho más grave es el hecho de que en cinco países de Europa tiene depositadas armas nucleares.

El gobierno norteamericano, que se siente dueño del mundo y de las leyes, aplica a su antojo sanciones de todo tipo contra cualquier país que no acepte su política hegemónica  o simplemente por no agradarle sus formas de gobierno, tal y como lo hacen contra Venezuela, Irán, China, Rusia, entre muchos otros, y recrudece constantemente el bloqueo genocida que aplica a Cuba hace sesenta años, lo que significa mayores sufrimientos para sus pueblos.

Otro elemento que perturba la paz y pone en riesgo la vida de todos ciudadanos del planeta, es el nefasto papel que desempeña la Organización del Atlántico del Norte (OTAN), que bajo el control de Estado Unidos, no solo se ha fortalecido militarmente y aumentado su Presupuesto de guerra, sino que se ha hecho más agresiva y no oculta su disposición de intervenir en cualquier rincón del mundo. De hecho, en la actualidad, ha recrudecido peligrosamente el cerco hostil que mantiene en las fronteras de Rusia.

En un panorama en que en el mundo aumentan el hambre, las enfermedades, la incultura, el desempleo y las injusticias que azotan a miles de seres humanos los Estados hacen crecer el Presupuesto dedicado a la guerra, creando nuevas y más sofisticadas armas de destrucción. En mayor proporción en que crece el caudal monetario de los más ricos del mundo aumentan las personas que mueren por hambre y enfermedades curables, las que no saben leer ni escribir y las que no tienen trabajo.

¿Qué decir de las agresiones que sufre el medio ambiente y toda la naturaleza que se encuentra a un paso de no poder salvar a la especie humana?

Y, por si no fueran suficientes los tantos males que nos afectan e impiden que la humanidad pueda vivir en paz y felicidad, estamos ahora enfrentado la pandemia de un nuevo coronavirus que, además de los miles de muertos que ya ha causado, ha puesto al mundo en una crisis económica de tal naturaleza  que está impactando negativamente en millones de trabajadores y que no se sabe cómo podrá resolverse en el futuro.

La pandemia está dejando ya varias lecciones a todos los que luchamos por un mundo mejor, de paz, igualdad, cooperación, bienestar y de convivencia con la naturaleza. Veamos algunos de los ejemplos negativos.

Gobiernos que han preferido salvar la economía de los ricos antes que la vida de los seres humanos, que han dejado desamparados a los más desprotegidos y vulnerables, dejando morir en las calles a los que no tienen recursos para acudir a los hospitales, o no han protegido a los profesionales de la salud con los equipos de bioseguridad necesarios, por lo que han muerto miles de ellos. Gobiernos que han desafiado las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y, como en el caso del gobierno estadounidense, que ha dejado de cumplir sus obligaciones económicas con la Organización, e, incluso, se han retirado de ella; además de robar equipos y medicamentos adquiridos por otros países y de sobornar empresas con el fin de apropiarse en exclusiva de una vacuna contra la covid-19. Agreguemos además, la falta de cooperación y de solidaridad que ha impedido un enfrentamiento más efectivo contra la pandemia.

Quizás una de las mayores lecciones sea la que demuestra no solo la incapacidad del sistema neoliberal para encontrar solución a estos problemas sino que es precisamente el propio sistema quien los genera con sus políticas de privatización de hospitales y de otros servicios básicos, de recorte de los presupuestos destinados a la seguridad social y al pago de los pensionados; de la misma manera que educa a las personas en el egoísmo, el individualismo, la falta de solidaridad y en el sálvese quien pueda.

También muestra lo negativo que resulta para el bienestar de las personas el disminuir las funciones del Estado entregándole al mercado la solución de los problemas que sufre la gente.

El escenario en el que se conmemora el Día Mundial de la Paz en el presente año puede interpretarse como un callejón sin salida para la humanidad, sin embargo la historia ha demostrado fehacientemente que el ser humano engendra en su interior los valores necesarios para vencer cualquier dificultad por grande que esta sea, y que “mientras exista la vida de nuestra especie, toda persona tiene el deber sagrado de ser optimista. Éticamente no sería admisible otra conducta”[4].

Los cubanos, que llevamos más de sesenta años enfrentado victoriosamente todos los intentos del Imperialismo yanqui por destruir la Revolución, aprendimos de Fidel Castro que nada es imposible para los que luchan y que “(…) El mundo será conquistado por las ideas y no por la fuerza, cuyo poder para sojuzgar y dominar a la humanidad será cada vez menor. Solo la paz y la cooperación entre los pueblos serán capaces de preservar a la humanidad de la muerte con la que amenazan por la vía del saqueo, la explotación, las guerras y la destrucción de las condiciones de vida del planeta (…)”[5]

Y es precisamente en el  momento de  la grave crisis que enfrentamos que los amantes de la paz en todos los rincones del planeta debemos juntar nuestras fuerzas y voluntades para luchar por los grandes objetivos que anhela alcanzar la humanidad.

Muchas banderas pudiéramos levantar juntos en el camino de la paz, entre las que se encuentran:

  • Destrucción de las armas nucleares.
  • Desarme general y completo.
  • Repudiar y condenar el terrorismo en cualquiera de sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado.
  • Rechazar el desarrollo y empleo de nuevas armas, y todas las formas de hacer la guerra y golpes de estados.
  • Solución de los conflictos por medios pacíficos y de diálogo.
  • Promover la eliminación de bloqueos y sanciones unilaterales a países y personas violatorios del Derecho Internacional, u otro tipo de injerencia y amenaza a la integridad de los Estados.
  • Promover la protección y conservación del medio ambiente y el enfrentamiento al cambio climático que amenaza la sobrevivencia de la especie humana.
  • Promover el multilateralismo y la multipolaridad en las relaciones internacionales.
  • Defender el derecho de los pueblos a darse el sistema político, económico y social que voluntaria y democráticamente decidan.
  • Demandar las reformas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para que puedan contribuir realmente a los intereses de los pueblos.
  • Demandar que todas la regiones del mundo sean declaradas Zonas de Paz como ya lo ha hecho América Latina y el Caribe.
  • Exigir la cooperación interna y entre países para enfrentar la actual pandemia de la covid-19 y para, cuando se encuentre la vacuna que inmunizará contra el Sars-Cov2, sea de aplicación universal y gratuita.
  • Promover en los Parlamentos de cada país que se aprueben en los Presupuestos los recursos necesarios que garanticen la salud y la educación de todo el pueblo.
  • Combatir y rechazar todo tipo de discriminación y de empleo de la violencia contra las personas.
  • Cancelación de la deuda externa que empobrece a los países y les impide avanzar en su desarrollo, facilitándoles el acceso a las nuevas tecnologías.

Muchas otras pueden ser las reivindicaciones que pueden unirnos para alcanzar la paz y la prosperidad que todos los ciudadanos del mundo merecemos, ese mundo mejor que es posible, pero si enfrentamos unidos las que acabamos de describir será suficiente para emprender la marcha que nos llevará a construir un nuevo orden económico y social que dé respuesta a las históricas reivindicaciones de la humanidad.

Y para los cubanos nada es más apropiado para conmemorar el Día Mundial de la Paz que recordando y enarbolando el pensamiento de Fidel Castro que indica lo que hoy debemos hacer:

“(…) frente a las armas sofisticadas y destructoras conque quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡sembrar ideas!, ¡sembrar ideas!, y ¡sembrar ideas!; ¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! y ¡sembrar conciencia! (…)[6]

Septiembre de 2020

[1] Valdés, Ramiro: Diccionario pensamiento martiano. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba.2007. p. 508

[2] Castro, Fidel: La fuerza  de las ideas. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, Cuba. 2008, p.15

[3] Ibídem, p. 16

[4] Susi Salomón: Diccionario de pensamientos de Fidel Castro. Segunda Edición revisada y ampliada. Editora Política. La Habana, Cuba. 2016. p. 285

[5]Creach Pedro: Fidel Castro Ruz. Pensamientos. Selección temática. Edición ampliada. La Habana, Cuba. La Gráfica en la Comunidad. Abril 2017. p.115.

[6] Ibídem. p.124

*Jorge Lezcano foi embaixador de Cuba no Brasil

ÚLTIMAS NOTÍCIAS