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Postado em 29/03/2021 10:25

Os complicados mistérios de Pablo Picasso (segunda parte)

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Por Jorge Garrido –  Criterio Libre

—Tengo que volver a París, musitó Pablo Picasso desconcertado encima de la tierra donde se guardaban los restos de su abuelo desaparecido en Cuba.

El enterrador no entendía por qué el pintor más caro del mundo albergaba tanta tristeza si había hallado finalmente la tumba de su ascendente. Sin embargo, él escondía sus propios secretos.

—No puedo decirlo todo, confesó en una carta a un amigo. —Si él no dice los suyos, yo no digo los míos.

—¿Alguien cuida su sepultura?, preguntó el artista. —Nadie, señor, apenas una mujer misteriosa que viene una vez al año y le trae unas flores azules—, y al decirlo una voz temblorosa despertó cierta sospecha a su interlocutor.

—¿Azules? ¿Por qué azules? —No sé, señor, respondió el cavador, —siempre trae las mismas.

—¿Quién es esa mujer? —No lo sé señor, pero parece una viuda. La voz volvió a zigzaguear. —No puedo revelar más, se dijo interiormente—. Picasso pensó: —¿una mujer más en su vida? ¿Cuántas son?

—¿Es blanca? —Sí, mucho, señor, española, sin duda, creo que gallega.[

En la capital cubana existen 21 cementerios, el de Colón es uno de los más visitados; ubicado en la esquina de Calzada de Zapata y Calle 12, en el barrio de El Vedado. El camposanto es famoso no solo por su relación con el descubridor Cristóbal Colón, a quien le debe su nombre, sino por las esculturas y obras de arte que atesora en su interior.

Mucha luz, mucho misterio en la tumba del abuelo de Picasso

—¡Qué raro!, soltó Picasso—, y volvió con sus interrogantes:

—¿Por qué hay tanta luz aquí? Inquirió el autor de Las Señoritas de Avignon. —Estamos en una isla, señor, es la Isla de Cuba, y aquí todo es diferente,  extraño y nada es firme.

—¿Desmesurado, quiere decir? El enterrador calló. —¿Surrealista? —No sé qué es eso señor, pero todo es misterioso y cuesta entender las cosas que ocurren.

—¿Cómo la tumba de mi abuelo? —Sí, señor, yo le temo mucho, le voy  a decir la verdad, cuando paso cerca siento que alguien me hala. El pintor hizo una mueca.

—Tengo que volver a París, balbuceó otra vez el artista, y el cavador lo miró intrigado. —¿Por qué sufre tanto  este hombre?, pensó.

Yo solo soy un destructor de la belleza, dijo Picasso

—¿Usted es famoso, verdad?, se atrevió a preguntarle. —Solo pinto, sepulturero, solo pinto. —¿Pinta? Deben ser cosas muy bonitas, ¿paisajes, verdad?

—No, muchacho, soy un destructor de lo bonito, todo lo contrario—, y miró hacia otra parte sabiendo que el hombre no había entendido.

—Ahhhh, dijo el cavador de tumbas, debe ser.

Aquella tarde estaba ocurriendo algo que daría un giro en la historia secreta de Pablo Picasso con Cuba. Estaba cayendo el día y el inclemente sol cubano no se había ido de entre las nubes. Pero, el artista se marchaba con las manos vacías.

Picasso halló la tumba del abuelo, pero no a los chicos negros

El autor de Guernica, su pieza clave, decidió viajar a la pequeña isla en 1950 a encontrar los restos de su abuelo y su descendencia negra cubana. Halló el sitio donde estaban enterradas las reliquias desde hacía más de 60 años, pero no pudo descubrir el destino de dos probables descendientes negros de su mismo apellido.

¿Qué sucedió con ellos? Ese es el misterio dos siglos después. Y ese enigma le hizo en 1961 al famoso pintor reflexionar, quizás dudar demasiado, si debía enviar a Cuba una réplica de su famosa escultura de la Paloma de la Paz, como había prometido.

El fin de la pieza era reemplazar la estatua de un águila estadounidense, interpretada como símbolo del poderío norteamericano,  derribada por la ira popular cubana a unos días de un probable ataque norteamericano a la Isla.

El presidente John Kennedy había acabado de romper las relaciones con La Habana y la CIA alistaba secretamente una invasión con más de 1000 hombres. Tres meses después, desembarcaba por las arenas de la Ciénaga de Zapata, al sur occidente de Cuba, una brigada de cubanos opositores al régimen entrenados en Nicaragua. El dictador Somoza los despedía: ¡Tráiganme unos cabellos de la barba de Castro!

El presidente John Kennedy había acabado de romper las relaciones con La Habana y la CIA alistaba secretamente una invasión con más de 1000 hombres.

El monumento ahora descabezado estaba instalado en el malecón habanero frente al mar y de cara a las costas norteamericanas. Era una señal de guerra. Los marines se alistaban en los buques que rondaban la costa y los milicianos cubanos, obreros convertidos en soldados en un santiamén, aprendían de prisa a manejar metralletas checoslovacas y cañones soviéticos desenfundados semanas antes. El estallido era inminente.

Tras la explosión de la nave los marines desembarcaron en Cuba

En efecto, tres meses después, desembarcaba por las arenas de la Ciénaga de Zapata, al sur occidente de Cuba, una brigada de cubanos opositores al régimen entrenados en Nicaragua. El dictador Somoza los despedía: ¡Tráiganme unos cabellos de la barba de Castro!

Mientras todo estaba por empezar, el monumento en la capital de la Isla lucía su cúspide vacía y la paloma no llegaba.

La estatua había sido construida en 1925 en homenaje a las víctimas norteamericanas de un acorazado reventado a pedazos en la bahía de La Habana en 1898.

La explosión (del Maine) en la que murieron 266 marinos fue aprovechada por Washington para desembarcar sus marines en Cuba y desplazar a la colonia española del territorio isleño y quedarse dueño. El hecho marcó los destinos de la futura nación aún bajo el mando español cambiando una bandera extranjera por otra.

La explosión en la que murieron 266 marinos fue aprovechada por Washington para desembarcar sus marines en Cuba y desplazar a la colonia española del territorio isleño y quedarse dueño.

El hecho marcó los destinos de la futura nación aún bajo el mando español cambiando de una bandera extranjera por otra.

Picasso duda en París si mandar la Paloma prometida

Picasso, quizás dio unos pasos aquella mañana en su Castillo en París, mientras los acontecimientos se precipitaban en el Caribe, y pensó una y otra vez si mandaba la Paloma como lo había prometido públicamente, y si eso quizás serviría para que lo ayudaran a encontrar la suerte de los chicos negros y más datos del final de su abuelo.

Deben haber ocurrido muchas idas y venidas diplomáticas, hay algunas constancias en ese sentido, pero el pintor, y hay muestras de eso, estaba desesperado por saber del final de su abuelo y sus retoños en Cuba.

¿Quién era el abuelo del artista y por qué provocaba tanto desvelo?

Picasso recordaba las historias llenas de misterio sobre su ancestro contadas por su mamá en noches de insomnio. Se trataba del hombre que el pintor nunca conoció porque embarcó en viaje a la Isla y allí se perdió para siempre.

No se sabía qué había sido del abuelo en Cuba, pero algunos amigos habían llegado a Málaga, donde vivía la familia, con algunas rumores sobre la suerte del ascendente mayor de los Picassos.

Se decía que estaba en cautiverio, que había sido descubierto de espía de los ingleses, que tenía varias mujeres a la vez y que había enloquecido de amor por una bella negra cubana hija de esclavos.

Pero el mayor misterio era la probable descendencia de dos niños cubanos negros. ¿Dónde estaban esos chicos que nadie podía dar fe de su existencia?

(Continúa)

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*Jorge Garrido

[email protected]s

Periodista cubano-español, escritor y profesor universitario. Ha sido corresponsal en el extranjero, editor y jefe de sección de la agencia Prensa Latina, director de la revista Prisma y Cubanow, y autor de la polémica novela “La Historia Secreta de Picasso”. Fue panelista en programas de debate en NTN 24 horas, RedMás Noticias, Cable Noticias y emisora FM.
Ha dictado talleres de estética, cine, periodismo y comunicación en varias universidades colombianas, entre ellas la Universidad Nacional, Javeriana, de la Sabana, Universidad Central, Rosario, Autónoma de Cali, y dictado cátedra en la Escuela de Estudios Superiores de Administración (CESA).
Creador del Método Cuarto Espacio de entrenamiento comunicativo. Es especialista en el manejo de procesos de incomunicación y de dominio de los miedos y el miedo escénico en particular. Tiene en preparación el Manual de Comunicación Personal y la Guía de Dominio de los Miedos.

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